Cuando la tierra enferma: Choluteca lucha contra la sequía y el abandono

El departamento de Choluteca, en Honduras,  vive como un paciente enfermo: la sequía, el cambio climático y la falta de acción han debilitado la tierra y las comunidades, dejando la región en estado crítico.

Por: Carlos Villavir

En El Triunfo, Choluteca,  un ganadero expresa con preocupación que las lluvias no han llegado como se esperaba este año, y el maíz que plantó se ha secado en el campo. “No me quedó de otra que cortar toda la manzana de tierra donde había sembrado maíz. Me tocó dárselo a las vacas. Ya no habrá cosecha.”, dice reflejando una realidad que se repite en miles de hogares de esta zona. 

El testimonio fue recopilado por Germán Chirinos, director técnico del Movimiento Ambientalista Social por la Sustentabilidad y la Vida (MASSVIDA),  y evidencia   el contexto crítico de la región. . 

Choluteca es uno de los 18 departamentos de Honduras y se ubica en el sur del país, limitando con Nicaragua y el Océano Pacífico. Su territorio es parte del Corredor Seco, una de las zonas más vulnerables al cambio climático del mundo; caracterizado por su extrema susceptibilidad a  las sequías, fenómenos metereológicos y la degradación ambiental. 

Según el Índice Regional de Sequía de Palmer (PDSI, en inglés), entre 2018 y 2023 las áreas con sequía extrema en Honduras crecieron de 384 mil a más de 460 mil hectáreas. Las condiciones han deteriorado la fertilidad del suelo, reducido la presencia de animales y plantas, y alterado el paisaje y el uso del terreno.

El índice es una metodología desarrollada en los años sesenta que utiliza la cantidad de lluvia mensual, así como capacidad de infiltración y retención de los suelos. 

Wilfredo Hernández, exdirector de MASSVIDA, explica que la economía de Choluteca se sostiene principalmente del cultivo de maíz, frijol, sorgo, sandía, melón y caña de azúcar; además de frutas como papaya y mango. Señala también que la ganadería, en especial la crianza de bovinos para carne y leche, representa una actividad clave, mientras que en la zona costera destaca la industria camaronera, con una fuerte presencia en el territorio.

De acuerdo con el Índice Regional de Sequía de Palmer, la producción de cultivos en Choluteca enfrenta serias dificultades como consecuencia de la sequía, la pérdida de fertilidad del suelo y los efectos del cambio climático.

Los impactos de la sequía y la degradación del suelo en Choluteca no son un fenómeno aislado, sino parte de un patrón que se extiende por más de 146 municipios de 13 departamentos del país, que conforman una parte del Corredor Seco Centroamericano, una región que abarca desde Panamá hasta la zona sur de México, denominado así por su particular vulnerabilidad a los fenómenos climáticos y la aridez de su territorio. 

Según el estudio realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la caracterización del Corredor Seco Centroamericano en Honduras, esta porción abarca una extensión significativa de áreas naturales terrestres, con un total aproximado de 6.7 millones de hectáreas. De estas, casi 3 millones de hectáreas corresponden a zonas con alto potencial ambiental, destacando 1.5 millones de hectáreas de bosques de coníferas, que incluyen especies como pino, ciprés, huito y pinabete, además de 0.8 millones de hectáreas de bosques latifoliados y 69 mil hectáreas de bosques mixtos.

Wilfredo Hernández, exdirector de MASSVIDA, explica que actualmente muchas tierras en Choluteca han quedado abandonadas y ya no pueden sostener la diversidad de plantas, convirtiéndose en monocultivos.

Comenta con preocupación que para las comunidades de esta zona no es viable depender únicamente del ajonjolí, la sandía, el melón, la okra o la caña de azúcar, ya que su economía necesita más tipos de cultivos para sobrevivir.

Además, advierte que esta región enfrenta la sequía prolongada, con temporadas secas que pueden extenderse de seis a siete meses, y lluvias irregulares que han alterado los tiempos tradicionales de siembra.

En 2015, los reportes oficiales de las instituciones nacionales advertían que en algunas comunidades de Choluteca la única cosecha disponible para los pobladores eran mangos verdes y guayabas, ya que la sequía había arrasado con la producción agrícola del departamento, granos básicos, melón, huertas y otros cultivos, provocando el riesgo inminente de hambruna.

Según Hernández, esta situación persiste hasta hoy: la tierra, que antes podía sostener dos cosechas anuales de diversos cultivos, muestra ahora claros signos de desgaste, con menor diversidad de plantas y animales, reducción en su capacidad productiva y un impacto directo sobre campesinos y ganaderos.

Como parte de sus responsabilidades como Estado parte, Honduras desarrolló    el  Plan Nacional de Lucha Contra la Desertificación (PAN-LCD), una estrategia que tiene como fin proteger la tierra y frenar su deterioro; y que constituye un documento guía y de actualización periódica dentro de la UNCCD. 

En el informe del Plan de Acción Nacional de Lucha Contra la Desertificación del año 2014, se informó, específicamente, en el ciclo de cultivo de primera la reducción en la producción de granos básicos fue mayor a 70% para la región sur y occidental de Honduras, lo cual generó un efecto dominó donde el 75% de los hogares quedaron sin una reserva de alimentos, los ingresos familiares se redujeron en un 42%, incrementándose el nivel de desempleo y pobreza.

Según los datos del Plan 2014 -2022 casi la mitad del territorio nacional, un 44.5%, ha perdido una parte importante de plantas y animales, y muchas zonas como la región del Golfo de Fonseca, donde está ubicado Choluteca, sufren por suelos compactados y pérdida de vegetación.

Este plan forma parte del compromiso de Honduras como Estado parte de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD, por sus siglas en inglés), un acuerdo internacional que busca combatir la degradación de tierras en los países más vulnerables al cambio climático; . y que tiene un funcionamiento similar a las COP sobre cambio climático, biodiversidad y océanos. 

Las siembras en el departamento de Choluteca solían iniciar en el mes de mayo, en la temporada de primavera; y se cosechaban en agosto. 

Después de la primera temporada de lluvias, se sembraba en agosto y se cosechaba en noviembre. 

Sin embargo, debido a las fuertes sequías que se han presentado, y que ya llevan prácticamente unos 15 años, el tiempo de siembra de primavera se ha perdido, logrando que dicho ciclo de producción ya no se realice como era de costumbre, según German Chirinos, director técnico de MASSVIDA.

Chirinos afirma que, “Se perdió porque antes se sembraba en mayo, pero ahora ya no llueve en ese mes. Si acaso, llueve en los últimos días de mayo. Algunos, que quieren sembrar como dicen aquí, para los elotes, lo hacen a finales de mayo o inicios de junio. Luego viene el tiempo más cálido y seco del año, que es fijo y se presenta del 15 de julio al 15 de agosto”. 

El clima seco y la irregularidad en las lluvias han transformado los ciclos agrícolas en Choluteca, generando un impacto directo en la subsistencia de sus comunidades. 

Donde la lluvia es la medicina ausente

El Instituto de Conservación Forestal (ICF) define la sequía como la ausencia o reducción prolongada de lluvia que afecta la producción agrícola, la flora y la fauna. Esta se identifica particularmente cuando la precipitación anual baja de los promedios normales, dando lugar a períodos de sequía que varían en intensidad y nivel de afectación.

El Estudio de caracterización del Corredor Seco Centroamericano, realizado por la FAO en enero de 2013, concluyó que en el Corredor Seco de Honduras unas 3 millones de hectáreas de bosques de pinos, árboles de hojas anchas y mixtos habían sufrido un deterioro progresivo, lo que debilitó la capacidad del territorio para retener agua y regular el clima, agravando la sequía que afectaba a las comunidades y cultivos de la región.

El PAN-LCD – 2014, señala que las sequías meteorológicas e hidrológicas extremas en Honduras de los años 1980, 1997, 2014-2015, 2018 y 2019 tuvieron como factor detonante un déficit de lluvia, generando un escenario de riesgo que afectó a la población y provocó un incremento sustancial en pobreza, inseguridad alimentaria y pérdidas en flora y fauna.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, entre los años 2015 y 2018 el Corredor Seco sufrió uno de los déficits de lluvia más severos de los últimos 60 años, con pérdidas de 60% del cultivo de maíz y el 80% del cultivo de frijol y cerca del 50% en café y frutales, situación que dejó a más de 190.000 personas frente a inseguridad alimentaria severa. 

El ingeniero Carlos Roberto Irías del laboratorio de suelos de la Universidad Nacional de Agricultura (UNAG), afirma que los suelos del Corredor Seco y particularmente en Choluteca, son extremadamente variables, con texturas que van desde arcillosas hasta arenosas, y un predominio de suelos ácidos con pH por debajo de seis. 

Según el ingeniero, esta variabilidad responde a su origen volcánico y a distintos procesos de formación, lo que produce una amplia diversidad en textura, mineralogía y profundidad. 

Como resultado, aunque la región es pequeña, presenta suelos tanto muy jóvenes como muy antiguos, con características heterogéneas conocidas como suelos de carácter alófano.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), indica que la sequía en el Corredor Seco de Honduras se manifiesta en una distribución irregular de la lluvia durante el periodo lluvioso, afectando especialmente los inicios de la estación húmeda y los momentos posteriores al periodo más cálido y seco.

Para Francisco Argeñal, director del Centro de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos de Honduras (CENAOS), en Choluteca, la variabilidad climática se está alterando por el cambio climático. 

“Ahora estamos viendo un aumento en la frecuencia de sequías, así como de lluvias extremas, lluvias fuertes y olas de calor, que están asociadas al cambio climático. Por eso, en todo el mundo se reconoce y afirma el impacto de la variabilidad climática debido al cambio climático global”, dijo Argeñal.

Asimismo el ingeniero Carlos Irías explica que, “El clima en esta zona no ayuda mucho, ya que a veces tenemos altas temperaturas o periodos prolongados sin lluvia. Por eso, los procesos de formación del suelo y los ciclos biogeoquímicos se vuelven más lentos, al igual que la descomposición de la materia orgánica. Esto crea un ambiente ideal para que la degradación del suelo se acelere y empeore aún más”. 

Según el informe del año 2012, “Impacto de la Sequía en la zona Sur” de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en esta región las lluvias irregulares y los periodos de sequía prolongados se intensifican con el fenómeno de El Niño, causando una reducción del 30-40% en las precipitaciones. Este patrón afecta principalmente el 79% de los casos de sequía que duran dos meses o menos, aunque en eventos críticos la falta de lluvia puede prolongarse hasta el final del ciclo agrícola.

En la publicación del “Protocolo Nacional del Sistema de Alerta Temprana y Respuesta a la Inseguridad Alimentaria ante Sequías en el Corredor Seco de Honduras” (2022), se reveló que entre 1975 y 2012 se registraron 35 eventos de sequía asociados a 18 episodios del fenómeno El Niño. Durante estos periodos, las sequías se volvían más prolongadas, intensas y marcadas, especialmente cuando El Niño estaba presente.

Con los datos que maneja la la plataforma estadística de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPALSTAT), se identifica que el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) es el mayor causante de pérdidas en el sector agrícola en la región Sur, y Sur – Occidente de Honduras. 

De los datos obtenidos en los últimos 30 años se tienen un total de 2,150,000 personas afectadas y 3,001 millones de USD en pérdidas agrícolas y pecuarias.

“El clima en esta zona no ayuda mucho, ya que a veces tenemos altas temperaturas o periodos prolongados sin lluvia. Por eso, los procesos de formación del suelo y los ciclos biogeoquímicos se vuelven más lentos, al igual que la descomposición de la materia orgánica. Esto crea un ambiente ideal para que la degradación del suelo se acelere y empeore aún más”, explicó el ingeniero Carlos Irías.

De acuerdo con la Comisión Permanente de Contingencias (COPECO), el fenómeno ENOS se reconoce como el principal factor que intensifica las sequías en la vertiente pacífica, incluyendo Choluteca, mientras que el fenómeno de La Niña, en contraste, trae consigo lluvias más abundantes y periodos secos más cortos.

Sin embargo, la irregularidad y el aumento en la frecuencia de eventos extremos indican que la región está en un momento crítico, con efectos acumulativos que complican la recuperación ambiental y social.

El Protocolo Nacional de Sistema de Alerta Temprana en Honduras señala que la probabilidad de eventos de sequía severa y extrema en el Corredor Seco puede llegar con una alta frecuencia en presencia de El Niño, situación que demanda mecanismos de prevención y adaptación robustos para proteger a las comunidades más vulnerables.

Entre el año 2014 y 2015 se registró el periodo seco más largo en los últimos 60 años en el corredor seco hondureño, con temperaturas superiores a los 39°C en la mayoría de la zona. 

El Instituto de Conservación Forestal, Áreas Protegidas y Vida Silvestre de Honduras informó que, durante el año 2014, la sequía afectó a 500,000 personas debido a pérdidas que alcanzaron el 25% de la cosecha nacional de granos básicos. Posteriormente, esta cifra aumentó considerablemente en 2015, cuando 1,300,000 individuos resultaron afectados.

En el ciclo 2018-2019, expertos en clima calificaron el período como “extremadamente seco” debido al fortalecimiento del fenómeno ENOS. La escasez de granos básicos impactó a 1,480,000 personas, producto de la pérdida de la primera cosecha y daños severos en el segundo ciclo agrícola del año. 

El ingeniero Carlos Roberto Irías, de la UNAG, señala que el Corredor Seco y Choluteca en específico, es una región del país que, debido a su posición geográfica y al movimiento de los vientos, recibe poca lluvia. 

“Los problemas que enfrentamos se deben en gran parte a la topografía del lugar, especialmente en zonas altas con pendientes muy pronunciadas. Por el simple hecho de ser áreas con esas pendientes, los suelos están expuestos a procesos de degradación, principalmente física. Estos suelos son muy propensos a la erosión cuando llueve, un fenómeno común dado el tipo de terreno”, afirmó el ingeniero.

Sequía y deterioro: los síntomas más crueles

Un estudio sobre sequías realizado por el Instituto Hondureño de Ciencias de la Tierra, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, en 2011 indicó que mientras el 60% del territorio mantiene condiciones estables de precipitación, un 40% presenta déficit pronunciado de lluvia distribuido en categorías que van desde leve hasta extremadamente severo, afectando aproximadamente el 40% del país.

Para Claudia Fortín, técnica de MASSVIDA, “Choluteca es un corredor seco, y en este municipio nos preocupa mucho la disminución de la tierra fértil. Somos una zona muy seca; antes las lluvias caían durante tres o cuatro horas, pero ahora llueve solo una hora, y la tierra no está absorbiendo el agua”.

En 2018 el Programa Mundial de Alimentos, concluyó que la sequía en los últimos años ha afectado en todo el país a 1.35 millones de personas en promedio por año, con 103,000 hogares (514,000 personas) con inseguridad alimentaria.

De igual manera, el índice de aridez consolida cifras críticas indicando que el 19% del territorio nacional está bajo una condición de escasez en disponibilidad de agua, un 5% es de abundancia del recurso hídrico y el 76% tiene un nivel promedio de disponibilidad de agua.

“Los efectos son cada vez más intensos y afectan profundamente a las comunidades rurales, es el caso de los periodos de sequías prolongadas y la ausencia de fuentes generadoras de agua para riego, luego se presentan lluvias erráticas y ocasionalmente lluvias torrenciales que dañan cultivos y viviendas. Esto ha provocado una reducción drástica en la producción agrícola, especialmente de maíz y frijol, que son básicos para la alimentación familiar”, afirmó el Ingeniero Sabas Portillo, perteneciente a Cártitas Honduras. 

Según el estudio de caracterización de la sequía en Honduras realizado en enero de 2013, la sequía afectó de manera severa el 3.9% del territorio hondureño, impactando a 34 municipios pertenecientes al corredor seco, desde La Venta, Alauca y Liure, hasta municipios como Amapala y Duyure, entre otros. Esta afectación severa implicó una gran vulnerabilidad para las comunidades y los ecosistemas que habitan en estas zonas.

Asimismo, el 54.3% del territorio nacional presentó un grado alto de sequía, abarcando a más de 103 municipios, mientras que el restante 41.7% se encontró bajo un nivel bajo de sequía. 

Estas condiciones variables muestran la complejidad del fenómeno y la necesidad de estrategias adaptativas según el grado de afectación. 

Para el programa de gobierno de desarrollo rural y resiliencia climática en Honduras, el Corredor Seco es una de las zonas más pobres y económicamente deprimidas: un 65% de los hogares viven por debajo de la línea de pobreza, y un 48% viven en pobreza extrema. 

En el informe del Plan de Acción Nacional de Lucha Contra la Desertificación del año 2014, se informó, específicamente, en el ciclo de cultivo de primera la reducción en la producción de granos básicos fue mayor a 70% para la región sur y occidental de Honduras, lo cual generó un efecto dominó donde el 75% de los hogares quedaron sin una reserva de alimentos, los ingresos familiares se redujeron en un 42%, incrementándose el nivel de desempleo y pobreza.

La determinación del riesgo y la vulnerabilidad por sequía en Choluteca, al igual que en la Región Centroamericana, es compleja en vista de que no hay información actualizada para sacar conclusiones.  

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), afirma que los análisis nacionales de riesgo por sequía, y/o estudios – evaluaciones de sus impactos a nivel nacional son exiguos, y sus resultados se asocian a: uno, los efectos negativos directos en la gestión del agua; dos,  los daños causados sobre la agricultura; y tres, sobre el medio ambiente, en los recursos naturales, hábitats y ecosistemas. 

Un paciente desatendido bajo el sol implacable

Según la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente (SERNA), Honduras, con una riqueza natural significativa, alberga aproximadamente el 2.6% de la diversidad florística mundial, equivalente a cerca de 300,000 especies de plantas vasculares. 

Además SERNA señala que los recursos hídricos enfrentan serios desafíos, especialmente en las zonas Central y Sur, donde el nivel del agua subterránea desciende entre noviembre y abril, afectando el rendimiento de pozos, y en las zonas costeras, la sobreexplotación provoca la intrusión salina, deteriorando la disponibilidad de agua dulce para las comunidades.

En el último quinquenio se registraron los impactos de diversos fenómenos climáticos en Honduras: sequías consecutivas entre 2016 y 2020 y el impacto de las tormentas tropicales Eta-Iota a finales de 2021. El Índice de Riesgo Climático Global a largo plazo (1998-2017) sitúa a Honduras en la tercera posición como uno de los países con mayor exposición y vulnerabilidad frente a los efectos de la variabilidad y cambio climático. 

Honduras ha recibido durante los últimos años importantes recursos internacionales para combatir los efectos del cambio climático, la desertificación y mejorar el acceso al agua, especialmente en el Corredor Seco y Choluteca. 

El Plan de Acción Nacional de Lucha Contra la Desertificación y la Sequía “Actualización del Diagnóstico” 2025-2030 indica que, entre 2018 y 2023, se movilizaron millones de dólares provenientes de organizaciones internacionales, europeas y multilaterales, destinados a financiar proyectos de adaptación y mitigación en las zonas más vulnerables.

Sin embargo, el propio diagnóstico del Plan Nacional de Lucha Contra la Desertificación y la Sequía reconoce que estos recursos han sido insuficientes para cubrir todas las necesidades, particularmente en las comunidades rurales más afectadas. Limitaciones técnicas, educativas y la falta de transferencia efectiva de tecnología dificultan la implementación y el impacto real de estos fondos.

En el mes de junio del presente año,  el Ministro del Instituto de Conservación Forestal (ICF), afirmó que su gestión sí ha impulsado proyectos con impacto social y ambiental. En relación con un gran proyecto de renovación de fincas cafetaleras y establecimiento de sistemas agroforestales.

Afirmó que, “llegamos a quienes siempre fueron desposeídos, abandonados y excluidos del desarrollo rural. Establecemos sistemas agroforestales con café en el corazón de cada parcela, integrando árboles nativos, sombra, biodiversidad y sostenibilidad”. 

Mientras que en el año 2024 Lucky Medina Ministro de la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente (SERNA), señaló que, “todo lo que se ha aprobado inversión pública y privada que supera ya los 53 mil millones de lempiras que ha pasado por proceso de licenciamiento ambiental no ha generado ni un solo conflicto social, esa es la responsabilidad del Gobierno, esos son los procesos de socialización sobre los que hay que avanzar”.

Según testimonios de actores locales como Claudia Fortín y Wilfredo Hernández, la distribución y el uso de estos recursos no llegan efectivamente a las comunidades más vulnerables. 

Ellos afirman que en muchas ocasiones, los fondos quedan en la burocracia o se asignan según afinidades políticas, lo que reduce el impacto real de los programas y compromete la confianza en las instituciones encargadas.

Se buscó establecer comunicación con el Ministro de la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente (SERNA) y con el Instituto de Conservación Forestal (ICF) para verificar la información oficial presentada en sus informes frente a la realidad que viven las comunidades del Corredor Seco. Sin embargo, ninguna de las instituciones quiso brindar respuesta, lo que impidió contrastar sus datos con los testimonios de quienes habitan las zonas afectadas. Los relatos de las personas evidencian que, en el terreno, la situación de la sequía y la degradación de la tierra está muy lejos de lo que reflejan los informes oficiales.

Wilfredo Hernández expresa que, la gobernadora, el personal del Consejo Nacional de Desarrollo Forestal (CONADEFOR), el jefe de operaciones de la 101 Brigada, el jefe de policía, las Unidades Municipales Ambientales Sostenibles (UMAS), SERNA y el ICF, son personas de oficina, sin compromiso real en terreno. 

“Quedó un compromiso de seguimiento, pero eso no cala; ya suena vacío y es difícil creer en las autoridades. En teoría, sus planes son muy buenos, pero en la práctica hay muchos compromisos pendientes, especialmente porque la comercialización del bosque pesa económicamente, y eso se refleja en la gestión del gobierno, afirmó Hernández. 

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